Sigues contestando mis preguntas con acertijos.
Sigues sin aclarar mis incertidumbres.
Lo haces con malicia porque no quieres que me escape.
De los dos yo soy el poeta y tú la inspiración.
Hoy el último contacto.
El último de todos quizás.
Aunque contigo nunca se sabe.
Me sorprendo imaginando poemas para ti
para no escribirlos nunca.
Tengo que dejarlo.
Tengo que dejarte.
Pero es difícil quedarme sin musa
y sin el lamento que alimenta mis letras.
¿Podré algún día olvidarme de ti y depositar en otras almas mis requiebros?
¿O no podré porque te necesito?
¿Necesito ese no ser para seguir siendo?
Soy esa escritora con un libro adentro deseando salir.
Pero si te saco, el mundo sabrá lo que soy y lo que siento.
Y será el fin del “nosotros” que ahora tengo.
¿Podrán tus ojos apagados no clavar su mirada en mi alma?
¿Podrás ser uno más de tantos?
Siempre tendré la sensación de perder el tiempo si no te miro,
de perder el tiempo si no lo pierdo contigo.
De necesitar darte algo aunque no se sepa.
De hablarte sin hablarte,
y escucharte aunque me pierda.
E intentar hacerte repetir palabras que nunca repites, porque una vez dichas olvidas.
Intentar tener algo aunque sean reproches.
Imaginarme situaciones y sorpresas.
Y ya no me late el corazón muy deprisa.
Sólo te agarro fuerte para no caerme.
Aunque ya sé vivir con esto,
esto tiene que acabarse.
Y aunque no pueda acabarse,
en parón se queda,
para no se sabe cuándo reanudarse.