Me enamoré de tu mirada,
tierna y llena de locura.

Se marchitan tus pétalos
y se caen tus espinas,
pero tu mirada
sigue siendo la misma,
aunque pasen mil inviernos
y se vayan con ellos,
mi vida.

Me enamoré de tu alma,
apasionada y seductora.

Porque, aunque se muera el Sol
y reine la noche,
tu alma
sigue siendo joven.
Joven a pesar de las ventiscas
tristes y dolorosas,
a pesar de eso,
tu alma sigue siendo,
hermosa.