Mi cuarto es un tonto cuando llego,
me habla de vos, de tu cintura y tus besos
a veces sacude la atmósfera de sus entrañas
para despertar el olor de tu piel, de tus pechos.

La almohada cómplice me susurra tu nombre
y la sabana se suicida saltando al vacío
para extrañarte aún más cuando llega el frío.

¿Qué hago con las tonterías de mi cuarto
y con la protesta simultanea de sus inquilinos?
Anoche le traje una nueva piel,
unos labios llenos de corales nocturnos
y los besos sabían a culpa y soledad… Algo de hiel.

Y mi cuarto gritó tu nombre hasta el cansancio,
la almohada dura como esta soledad que me habita
y la sabana placentera dormita en toda la cama
definitivamente, mi cuarto es un tonto cuando llego.