Me gusta cuando pasas tan cerca de los árboles, porque murmuran entre la música del cielo y se susurran cosas al oído que jamás contarme podrán.

Me gusta cuando llega la mañana y el sol da luz a tu mirada y brillo a tu piel, y rocía tu pelo de infinita claridad.

Me gusta cuando llega la tarde y con ella, ese viento que tú alegras con tu risa. O te enfadas y le chillas, y él te responde arrojándote con fuerza gotas de agua, que caen por el pecho, tu pecho. Y así se desborda el río, mi río.

Me gusta cuando llega la noche, y salen las estrellas de tus besos y comen la luna de los míos. Y se acaba el mundo y se acaba el cielo, y se imagina el próximo día que pronto llega.

Me gusta cuando puedo sentirte sin perderte y recordarte sin llorarte. Cuando puedo retenerte en mi memoria para decirte lo que me gusta, cuando de cada cosa, de cada parte, saco algo que me gusta de ti.

Me gusta poder decir que he querido, que he amado, que tu amor me ha encontrado. Decir que ya tengo algo por lo que seguir sintiendo, aunque se haya ido y no pueda jamás traerlo, porque está tan hondo allá en el cielo o en la tierra.

Me gusta porque aún esos árboles me gustan.

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