María

A tu espejo le miro encarnecido.
Me veo acostumbrado al dolor
¡Pero María, quiero saber de donde eres!
No me asustes con tu encanto
y sé cómplice de mi pasión.
Tan enternecido de tu pelo negro
que prefiero que me arrebaten la vida
si no te veo sonreír.
No me abandones corazón
que los días contaré para morir a tu lado.

0

Related Articles

Responses

Ir a la barra de herramientas