Mandato de un relojero – Poesía por Milagros Gomez

Para mi abuelo,
su vida es un reloj.
Conoció una aguja
en el pajar del trigal:
mi abuela,
risueña en la granja,
hace a la gallina graznar.

Él me dice: no tejerás,
no curtirás tu mano de hombre
en la lana de una oveja;
la dueña de la aguja es la abuela.
Tú no barras, rastrilla;
el barro es trinchera.
Dijo al alba,
en la bodega añeja,
frente al lago del tío:
tú trabajador serás,
ávidos mecanismos
en tu mente tendrás;
más que un reloj,
serás el campanal.

El tío ya se dio cuenta:
me gusta tejer,
con las muñecas
de mi hermana jugar.

¿Pero cómo le diré?
Si el abuelo se entera,
me dejará desde pequeño
habitar el reloj sin darme cuerda.

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