Mamá, olvidaste llevarme

Recuerdo aquel octubre con claridad,
aquel óvalo, la gente que tiene una mamá,
todas apresuradas por llegar a su destino,
recuerdo aquel semáforo,
la noche lluviosa,
mi cumpleaños 25.

Te habías ido en Abril,
pero nunca dolió tanto como ese octubre,
ni siquiera cuando fingí despedirme de ti en aquel cementerio,
nunca dolió tanto como ese día que morí en vida,
porque fue cuando realmente sentí tu ausencia.

Me gusta pelear mis batallas en silencio,
pero ese 7 de octubre grité tu nombre,
te llamé a pesar del sabor salado en mis labios,
te pedí verte, escucharte;
una vez más, solo una por favor,
pero ya no me escuchaste y lo entendí,
te habías ido, para nunca volver.

Ese día fue muy revelador,
entendí cuan afortunada había sido por mas de 24 años,
entendí que debí pedirte muchos consejos,
entendí que debí preguntarte más sobre tus sueños, tus miedos;
entendí que nunca son suficientes los abrazos, besos y miradas de amor.

No quiero retar al destino,
pero ese día estuve segura de una cosa,
que nunca volvería sentir tanto dolor en mi vida,
nunca, nada ni nadie me haría tanta falta como tu,
consecuencias de tu amor incondicional.

Fue tan sorpresivo tu viaje,
el día que te fuiste y olvidaste llevarme,
el día que me abandonaste aquí,
en un mundo sin ti,
ese día morí mamá, olvidé que es vivir y ser feliz.

No se si lo sepas mamá,
soy un perro abandonado que a nadie le importa,
que busca a su dueño en busca de consuelo,
que se arrastra por la calle para sobrevivir,
que ve al mundo con ojos llorosos y de mucho temor.

Mamita,
olvidaste llevarme contigo,
tal vez pensaste que podría sola,
tal vez no sea tarde para enmendar tu error,
llévame, hace demasiado frio aquí.

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