Lujuria

En su cuerpo hay cicatrices
de mordiscos y besos muertos,
en su piel marcaron, felices
hombres, sus puñales sangrientos.

Su alma está llena de tormentos
pues convirtió en polvo su cuerpo;
su vida es consumir el tiempo
en sensuales movimientos.

Todos conocen sus lamentos
cuando se esconde tras un velo,
sus palabras son como ecos
y sus lágrimas caen al suelo.

Cuando recuerda lo que ha hecho
va a la iglesia a buscar el cielo,
pero ella sabe que en su pecho
anida un corazón de hielo.

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