Lucidez del amor

Ahora descanso mi viejo corazón apoyado en la barra de un bar,
sí, amigos alcohólicos, ese corazón que se abría de par en par.
Ahora arrojo sobre mi alma la bebida que hace olvidar
durante vestigios de tiempo la crueldad del amor.
Consagré la única vida que tenía a regalar emociones
al rico, al pobre, al sabio, al necio, al bello, al feo, en quien creía,
todos ocultaban tras su disfraz sus rostros burlones,
me cansé de vagar mi esencia por almas vacías.

A ti te lo digo, espejo que delatas las huellas de la melancolía,
aparta de mí ese semblante mudable de derrota.
Al cielo sonreírle cada noche yo solía
y ahora mi boca permanece agónica y rota.
Creía en el crecer arropado por la humanidad,
qué desengaño me lleve con los humanos,
ellos mataron mi ser con su notable maldad
dejándome al amparo de licores, que hoy son ya mis hermanos.

En el frío invierno junto al fuego de la leña
cortejaba a las estrellas con una dulce poesía.
Creía que contemplando a una mientras se sueña
al amanecer abrazado a ella despertaría.

Regalé palabras adornadas de ternura,
realicé hechos para satisfacer algunos egos,
esparcí miradas inyectadas de hermosura
y aún proseguían enganchados a sus apegos.

Esos ignorantes de chaqueta, falda o pantalón
rodearon mi ser de injurias y vulgaridad,
atenazaron mis deseos de amar con el corazón,
negaron ante mi el gozoso sabor de la complicidad.

Le otorgué a la prisa su descanso sosegado,
la respiración contuve para seducir,
les digo a ustedes que nadie se ha enterado,
que la paz respirada es la mejor forma de vivir.

De rumores, cotilleo, mercadeo, de todo ello me alejé,
hijos de …. me seguían allá donde me escondía.
Son como la hoja muerta movida por el oleaje,
que vagan por la vida sin saberlo todavía.
Un Pedro y un Judas había en todas las cenas,
uno negaría ante los demás la virtud del amigo
y otro traicionaría al amigo por un puñado de monedas.
Me doy cuenta ahora de a cuentas de esas cenas,
he ido, y en compañía de Pedro y Judas he estado reunido.

Del amor hablaría esta vida y otras más iguales,
decirles que es mentira, que es un invento
fraguado en el comercio llamado intereses.
Escuche una vez alguien que patentó:
el amor es como el vino, no lo pruebes,
una vez bebido, corroe con dentelladas de lamento.

¿Quieren que les hable de ella?
¿De quién…?
Ya no tengo pasado, tan sólo un requiém.
Por favor, camarero, tráigame otra botella…

Beltrán.