Los versos que la soledad me traiga
son de cristal y huelen a reflejos,
hechos añicos, formando granizo,
lucen en el suelo como si fueran espejos.

Los versos que atraigan la soledad
son todos de fuga de gas abierto,
que come mi nariz y me adormecen
e incendiándose son el silencio del desierto.

Los de ambos están escritos con tinta
de polvo de estrellas, en el cielo oscuro,
varían con el surco de los astros,
y morirán todos siendo enigmas del futuro.

Llegado ya el invierno, nuestros versos
se verán mejor en el negro velo,
la soledad se hará mi compañera,
pero no estaré en la Tierra, ni estaré en el cielo.

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