Los ricos no van al cielo.
He recostado mi cabeza en el suelo y he comido lo que agradezco a Dios y nada me ha faltado.
He compartido lo que tengo y camino por veredas, mi fatiga la apaga mi deseo de estar contigo.
Amor, no te avergüences de mi andar,
muchos quisieran haber conocido las tierras que he pisado,
comer de los banquetes que probado y los amigos que he dejado atrás.
Amor, recuerda que los ricos no van al cielo.
Muchos huyen de la lluvia y yo la espero con ansias para saciar mi sed,
he caminado millas en la noche para no retrasarme,
porque las estrellas son para seguirlas, no para contemplarlas.
Nadie me ve ir, nadie me espera,
pero llevo el recuerdo de mis viejos que nunca me dejaron.
Amor, si te regalo flores es para que las pongas en un florero en el centro de la mesa
y recuerdes lo maravilloso de nuestro amor, no para que las pongas sobre tu cabeza, porque
Los ricos no van al cielo.
He ido y venido en la vida,
quizá mal gasté todo lo que tenía,
dormí con los cerdos,
pero mi padre mató el becerro gordo por volverme a ver.
Mi andar es tranquilo,
nadie me persigue y traigo semillas,
unas son de fe, esperanza y prosperidad,
para sembrarlas en casa.
Prepara la mesa que vengo con mis amigos los arrieros,
que en el camino coincidimos,
quiero brindar por la paz,
que no es la paz que se desea en este mundo,
y recuerda que los ricos no van al cielo