No se que tienen los días que han pasado sin dejar sus manos de humo en mi vida, la sombra de los niños ya no sonríe, están en el exilio de la tristeza, no se que tienen mis pies que su fe se ha podrido, ese aluminio de mi esperanza que se siembra en los huesos para no volver nunca, palabra que proclamo y enciende la penumbra, la niebla de los labios. Se han cansado mis hermanos los recuerdos de mi, ya tengo que vivir, mientras una serpiente de rimas me muerde un trozo del corazón ebrio que tengo, para despertar de esta lluvia enajenada en la que me he arruinado.