Me ahogo en sentimientos y en su profunda sensación, mientras nace un anhelo disidente de salir corriendo. Lenta se vuelve mi agonía hasta que la desesperación estalla y desata mi locura; mi realidad se vuelve confusa y quiero salir huyendo de ella. Así que, prendo un cigarro con las manos entorpecidas y temblorosas, buscando calmar mi angustia con el placer de arrojar las cenizas al viento, mientras escucho el tic tac del reloj que canta muertas horas antiguas. Pero, eso me desequilibra más y decido gritar desde mis demonios internos con un alto grado de demencia: ¡Déjenme en paz! Pese a ello se impone un silencio aún más hondo en esta habitación a oscuras, haciéndome saber que estoy sola.

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