Por el ave que sacude alborotadamente las alas
Para que su aire se revuelva,
Todo tipo de caminos nacen,
Caóticos que a casi todo releva.
¿Lo cambió el ave? ¿El viento?
¿Lo cambia el tiempo?

Del todo que cambia, una excepción hay.
El cambio goza de no cambiar,
Él siempre está
No cambiando más rápido de lo que podemos imaginar.

Si miles de caminos de ti me separan,
Otros miles los que a estar juntos conducen.
Uno necesito, no más,
En el momento preciso lo debo agarrar.

Pero el tiempo, ¡Oh tiempo!,
Más pocos son los caminos,
Más fuertes y definidos los que quedan.
El optimismo no se hizo esperar.

Ahora posibilidades pocas,
Después infinitas parecerán.
Ni lidiaré con ellas sólo, ni tú lo harás.
Juntos, un solo ser, nosotros,
Las tendremos en el principio del final.

Esperar a que el ave correcta,
En el momento ideal,
El viento altere, lo ponga a cambiar.
Que la velocidad de éste, indicada sea,
Para que a donde sus perturbaciones lleguen,
Mi razón afecten, y me decida aferrar al camino que queda.

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