Lo que me obliga a escribir,
me supura
de alguna tripa mal recosida.

Yo,
por si acaso,

lo dejo reposar toda la noche
en la mesa de la cocina,

tapado con un trapito
muy limpio.

(de cuadros verdes y blancos)

Y al día siguiente
no sé si tendré
una hogaza de pan,
un poema
o un mal despertar.