En medio de todas mis tormentas,
en mis días de sí,
en los de no
y en los de ‘para siempre.’

Llegaste con prisa y te quedaste para siempre.

Era tu amor lo que le brindaba
un sabor dulce y adictivo
a mis días de soledad,
cultivando en mi ser flores
y mariposas en mi estómago.

Llegaste con prisa y te quedaste para siempre.

Sin permiso alguno,
te apoderaste de mi pensamiento
hasta que, con cada suspiro
te volviste rey
de todas las partes de mi cuerpo,
dejando huellas invisibles
que solo un par de locos enamorados
pueden identificar.

Llegaste con prisa y te quedaste para siempre.

En las noches soñaba
con tus labios voluminosos
y esos ojos pardos
que se esconden disimuladamente
detrás de un par de lentes.

Llegaste con prisa y te quedaste para siempre.

Porque desde tu llegada
y con cada segundo
que mi vida con la tuya comparte,
se afirman, mil y una vez
el sentimiento incomparable
que siento, sabiendo
la dicha y fortuna
de este amor valiente
que solo crecerá con el tiempo.

Llegaste con prisa y te quedaste para siempre.
Diana L.Sierra