Llámame antes del primero de cada mes

Cuando se vuelve rutina el hablar de un recuerdo, y no se presta atención al
vaho y humillo del cigarrillo que exhala cada alma a las nueve y media de la
mañana, me es indiferente escuchar tu sollozar hoy o mis gritos de una manera
lejana.

Cuando postramos nuestra mirada al mismo cateto, sentados a cinco centímetros
del olvido, no es muy diferente el observar un árbol floreciendo, o una plaza
desde lo alto de un canal.

Cuando infringimos las normas de tu cuerpo, y mis reglas del deseo, ¿qué tan
diferentes somos el uno del otro? Si se tratase de tus marginados, o viésemos
mis pensamientos destrozados…

Cuando, con los audífonos tuyos, oíamos risas entre amigos, o quizás, si llovía,
nos acurrucábamos entre una estrecha escalera, oyendo como silbaban los pájaros,
seguramente ya no es igual, si lo hago en una tarde como esta, o si oyera lo que
digo.

Cuando, por suerte, sintamos este vació de circo y teatro; necesitemos de nuevo
recalibrar nuestras expectativas de la gente; hagamos de nuestra imaginación una
novela narrada en prosa. Sólo así, sin mentir, cuando termine este mes, cumpliremos
otra racha mas de sinceridad.

Llámame antes del primero de cada mes, u olvídate de mí por una sola vez.

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