Lisboa

Ahora veremos como las piedras se revuelven
retocan la arena, se deslizan y se vuelven viejas,
el pescador recita a Lope de Vega,
prepara sus redes en su lancha motora
y se hace espeso.
Las calles de Lisboa se retuercen nerviosas, se escurren en la lluvia, y dejan
los paraguas atrás como momias sin furia.
Y ser emigrante es como tener una garganta tan ancha,
como una gruta en medio del mar,
que se agranda para desaparecer.
Se puede decir que sobran las palabras.
En las playas de Portugal, the windsurfers esperan
a la ola gigante
sentados en su tablas, conmovidos como si hubieran
roto la mejor porcelana de sus abuelas o madres.
Y se duermen al sol.
Y lo que veo se hace intenso, lo que veo no tiene ritmo,
ni filos afilados, no me atraganto
con paisajes desconocidos ,que se mueve bajos mis
pies.
No he venido, sino porque
me dijisteis que Lagos era bello,
y tu anhelo me hacía más viva, menos torpe.
Pero la sed me arrastra, y sedienta como estoy,
no veo más que agua, agua.
¡Una tos del infierno, me dobla y escupo en las calles
flemas de lirio o alambre, como puede
uno cabalgar sin aliento
como puede uno regocijarse
con el olor a sardinas,
con la cantante de fado
que arrastra sus pendientes
de vidrio!
Y te ha estado esperando en un bar lúgubre
entre cigarrillos mal apagados en Alfama,
hay que recordarlo todo,
las vistas, la lavanderia, la mujer anciana
que vende Ginjinha, la vida cuesta arriba,
las fachadas que se pelan como si les
sobrara memoria, como carcasas
que se restriegan contra sus vecinos
para sentir su blando alivio.
Y fue un terremoto lo que hizo Lisboa vieja
maltrata, y sin ternura.
Si pudiéramos revivir a los muertos
como Lisboa, nueva y milenaria.
El Tajo sería nuestra comparsa.

Related Articles

Responses