Las horas mansas

Ha llegado la noche

Llegó para dar mi hora postrimera,

Ya siento su reproche,

y su opresión entera,

Sombra plena, grotesca y embustera.

Ya no soy bienvenida

Soy eco sucedáneo del día.

La última llama ardida,

del Sol que enardecía

soberbio desde su alta jerarquía.

Mi tiempo es tan breve.

Muy despacio se encoje mi figura

como vela en la nieve.

Soledad que perdura

Instante que la calidez fractura.

El silencio me espera

Me tengo que marchar, más no me voy;

mi flama persevera.

Una nostalgia doy.

Vivo en un intermedio, entre ayer y hoy.

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