Lamento todo lo que te causé. Toda reacción que dentro tuyo yo provoqué.

Lamento todas las cosas que te dije, de la manera en que las dije. Debí haberlo sabido desde el primer instante, pero cariño, perdóname, no fui capaz de verlo hasta el último segundo, cuando ya todo yacía entre polvo.

Cuando la fruta se secó, el agua se terminó, y en la mesa ya solo quedaba yo.

Lamento haber dado lo que dí por ti, de la manera en la que lo hice, debí saber que no estabas preparada para un amor como el mío.

Debí haber sabido que no estabas lista para algo como lo que tenía preparado.

Lamento no haber puesto atención a cada señal que diste, avisándome que no estabas preparada para mi, o que quizás, ni siquiera me buscabas en un inicio.

Lamento haber creído haber visto amor en un lugar donde probablemente ni siquiera se cruzó de largo.

Lamento haber puesto tanto entre tus manos, que fue demasiado para tu control y se te escurrió de entre los dedos.

Lamento haberte provocado tanto miedo al dejar caer tanto cariño sobre ti. Debí haber tenido en mente que quizá no habrías podido, o sabido que hacer con tanto.

Lamento no haber pensado que probablemente lo que tu buscabas era solo una diversión, un pasatiempo, un juego, un buen rato solamente.

Habrás de perdonarme, pues la vida me ha llevado a querer buscar algo que perdure, persista, que sea honesto. Que el cariño continúe, incluso después de que el juego termine.

Lamento haber creído que eras otra persona, puesto que aunque eras tu, quizás sólo podía ver a la tu que yacía en mi mente.

Lamento las cartas, roces de manos, caricias del cabello, besos en la frente y mis labios rozando tus manos.

Lamento haberte querido de la manera en que lo hice, por mucho, o por poco, haberte querido de verdad. Quizá jamás deseaste ser querida.

Lamento haber regado tanto las flores, debí haber descubierto que su raíz se habría de podrir si la intentabas cuidar demasiado.

Lamento haber esperado tu respuesta, haberte tenido paciencia, después de haberte visto correr. Por haberte querido comprender.

Finalmente, lamento la despedida, el tener que dejarte aquí, y de mi partida no poderte avisar. Lamento tener que dejarte reposar aquí entre mis versos, y tener que guardarte entre los pliegos de mi alma, y mi memoria. Lamento despedirme, cariño, pero la vida me reclama, diciendo que el camino debe continuar.

Lamento no haberte podido agradecer por el tiempo, por la oportunidad, por el intento. Puesto aunque no se si tu estuviste aquí, me hiciste descubrir que yo si.

Puesto que aunque hace mucho que no estas aquí, hasta hoy, la vida me a pasado a reclamar, así que hoy, aquí, descansar te e de dejar.

Me levanto de la mesa, y no me queda más, que cubrir tu asiento para que el polvo no lo llegase a estropear.

Toma los restos del girasol, y al sol déjalos secar. Podría continuar escuchando grandes historias de amor en medio de un buen libro.

Asegúrate de cerrar las cortinas, cariño, el sol la alfombra podría llegar a estropear.

Me tengo que ir, cariño.

Que la vida te sea, y te sepa, a lo que tu quieras. Que te otorgue algo a tu deseo, talla, y medida. Vive fuerte. Vive libre.

Hasta pronto, y gracias.