La Sabia y el Perro

Nuestro relato se compara con una buena canción
Algo breve, con una discreta armonía
La cantábamos inocentemente sin saber
Que nunca se repetiría

Danzábamos al son de mi ladrido
Me decías “que tocado estás”
Al parar el ritmo yo decía, ¿Con qué aprendizaje me saldrás?
Sabía que era mi momento de callar y escuchar

Como buena sabia, me explicaste
Que “razonar antes de sentir” era tu plan
Como buen perro te ladré
Sin entender de tu pesar

El de arriba no nos quería juntos, todo hecho ya está
Como un terco canino te lloré y pensé
¿Ahora quién me sacará a pasear?

Fielmente te esperé, sentado por dos años
No vi rastro de ti y el sentimiento quedó intacto
Solo quedamos los recuerdos y yo
Un fiel perro deteriorado

Mi sabia me vio derrotado
Y una enorme pena llegué a sentir
Ella sabía que malamente, su lección nunca comprendí
Así la sabia entendió que nunca podría rebajarse a la existencia del perro
Y este jamás podría elevarse al nivel de ella
Nacimos para escuchar esta efímera canción
Solamente una vez

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