La que todos se comen

Ya somos los tardíos hijos de Dios, los que se convencieron de que eran buenos, pero no. El pecado está conmigo, la desilusión. El tiempo se ha desperdiciado. Ya no quedan sino los huesos de mi amor. Y dices que yo soy el culpable: pues lo soy. Yo te maté con alegría y ahora estoy condenado a la tristeza. Mis palabras son falsas, mis pensamientos esconden el horror. He odiado a todos y ahora no puedo evitar odiarme a mi. Si de verdad te importa, a ti todos te devoraron y te gustó. Porque tú eres lo que no pude ser yo.

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