La Pianista

Verla tocar dolía, con sus dedos ligeros parecía que las teclas del piano cedían a su simple presencia.
Su dolor se reflejaba en cada nota, como si por medio de la melodía pudiera transmitir el dolor de su alma.                  Y sus teclas, el eco de su soledad.
Ella tocaba con pasión, siempre con la esperanza de que algo le diera sentido a la absurda existencia del ser.
Lucía como un libro viejo y maltratado, cada acorde era un grito silencioso de su corazón roto, de su alma perdida.
Estaba sin estar, respiraba sin respirar y vivía sin vivir.
Su música era un canto a la soledad.
Verla tocar, dolía. Como si las teclas pudieran transmitirlo y con cada sonido una lágrima más de su alma encerrada en su música.
Pero, aun así, ella tocaba con esperanza.
Como si la música pudiera sanar su dolor y con cada nota, ella volaba más alto, dejando atrás su tristeza, hacia la libertad.

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