Las gitanas plañideras
que en vez de llorarme bailan,
las mañanas traicioneras
donde la noche no se va con el alba,
y la luna juega y canta
con un perro vagabundo,
que no tenía más que ojos
para su dueño cuando este se marchó.

La colina placentera
donde descansa mi pueblo,
y mi yo de niño que espera
que alguien lo saque ya maduro del huerto,

pero el día se enturbió
y las nubes parece que son tifón.

Las mujeres bandoleras
que en vez de atracarme escapan,
las amantes pasajeras
que en vez de irse parece que no se van,
y yo me encuentro fatal
como muriéndome de hambre,
con apetito insaciable
pero sin poder probar bocado ya.

La noche aún no se marchó,
No se sabe dónde el día se metió.

Esa alma en pena altanera
que recorre las esquinas,
destrozó su vida entera
por cuestiones de arrogante disciplina,

como de pronto murió
se fue inadvertido y no se arrepintió.

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