Muerte,
su llegada…
es la partida,
es la mortaja…
de aquello que era vida.

Muerte,
es el silencio eterno
que abarca todo,
para algunos, es la llave del averno
que le da paso al despojo.

Muerte,
es el ocaso
de lo que fue,
es la sentencia
de un firme juez.

Muerte,
es la esclavitud
en la sumisión,
es la sumisión sin actitud
de entrega a la negación.

Muerte,
es la negación,
y es la quietud,
es la afirmación,
allí donde ya no hay virtud.

Muerte,
es el silencio elocuente
que parece engullir al tiempo,
es aquel silencio que bloquea la mente
en su agónico afán de empoderamiento.

Muerte,
es el fin…
de lo que comenzó,
es el banderín…
de lo que ya terminó.

Muerte,
es aquello que al libro lapida,
es el lapidario poema
que lapida al libro de vida,
porque… ya no hay sangre en las venas.

Muerte,
es la sombra…
de la luz,
es la penumbra…
de la cruz.

Muerte,
es el sentir de la ausencia,
es la ausencia de los sentidos,
es cuando sentimos la no presencia
de un ser, que sin él saberlo,
de esta vida… ya, ha partido.

Rafael Puello
Barranquilla – Colombia.

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