La Luz de la tierra en tus ojos.

Amo la luz de la tierra en tus ojos
dulce néctar de la abeja reina sabía
nada, ni la luna, ni el silencio, ni el ocaso
alcanzan el susurro de tu boca en mi alma
Ámame, hazme dichoso entre los mortales
errantes ánimas en busca de su luz
la luz de la tierra en tus ojos
ámame, entrégame tu luz creadora, hazme dichoso.
Oh! Déjame reposar el pálido rostro
entre la blanca y pura piel de tus piernas
rincón que añoro en mi estío ardiente
descanso eterno y celestial para mis anhelos.
He de hundirme contigo en esta Luz
que proyectas con tu seno entre oscuridades
oigo como caen mis débiles sombrajos
se derrite mi carne y se desespera.
Es mi corazón el solsticio más largo
que arde en la profundidad de mi pecho
mientras crecen los ecos de su constante pensamiento:
confinarse en la Luz que lo excita y lo despierta.
Bajas la marea de la tristeza que me bañaba
dejando en su reflujo mis labios mojados
tu mano camina por mi extasiado pecho
y me entrego a la infinita delicadeza que son tus caricias.
Flota en diminutos espacios libres, tu perfume
aroma que orbita tu cuello desnudo
tu belleza, ahora, azota suave mi alma
ahora, tus ojos de fuego me atrapan
ahora, manda tu Luz
¡Tú mandas!

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