Lloró, lloró hacia dentro, como cuando un suspiro se encoge en el pecho.Lloró, lloró en silencio, haciendo uso de la noche y su misterio.

No era algo malo, tampoco tristeza, solo eran lagrimas de puro sentimiento. Salieron todas a la vez, precipitándose por el abismo de sus ojos hasta la cima de su garganta.

Y entonces la rescató de aquella tormenta, se acercó cálidamente y se reflejó en su pelo.
Jamás estuvo tan despierta, se preguntó cómo nunca antes se había fijado en él.

Y él se despidió, sabiendo que la salvaría en el siguiente atardecer.

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