La estancia del amor

La tomó por la desnuda espalda
clavándole el inmenso corazón,
tomándola el alma entre los dientes,
la besó, lamió, la mordió.
En su boca la retuvo unos segundos,
como quien muerde un delicioso bocado
y siente en su paladar transparente
el gozoso sabor del amor.

Pero este sabor del amor no perdura,
pues la propia naturaleza se mueve,
el agua, el aire, la tierra, la voz,
el silencio, la mirada, el sentimiento
no permanecen quietos en su estancia,
sino que disfrutan de su total libertad.

Al igual que la miel de una flor
no queda adherida a la misma planta,
el néctar del amor pierde su sabor
si es retenido en la misma boca.
El amor ha de ser como el perfume de la vida.
El amor ha de ser tomado y llevado,
llevado y tomado.

Beltran.