Vivimos en calles distintas, separadas por una lejanía cercana.
Nuestros planetas no rodean a un mismo sol. Más bien, son de galaxias
distintas. Nuestros ojos también miran a distintos horizontes y nunca lo hacen a la vez.
Nuestros dedos quizás nunca llegaron a tocarse, pero ya no rozarán nuestra piel mutuamente.
Tan solo somos dos estrellas fugaces que no conceden ningún deseo a los
que nos contemplan.

Si somos principios irreconciliables, probemos a ponernos de acuerdo.
Si tus ojos volviesen a mirar a los míos, mis pupilas dejarían de lucir tristes y pequeñas.
Si uniéramos nuestras manos nuevamente, podríamos huir juntos de esta lejana sociedad.
Si simplemente hubiera un “tú y yo”, la distancia que nos separa se convertiría en un aciago,
efímero y olvidable recuerdo. Eso sí, si yo de una vez olvidase tu huella,
solo me separaría más de mí mismo.