Cual luna creciente en ascenso previo a el alba,
una vez más renaces en mi, dentro de mi ser y de mi alma,
saliendo de tu botón, lenta y delicadamente,
cual flor más hermosa, buscando florecer.

Despiertas, y extiendes tus encantos por todos lados,
al extender tus brazos llegas hasta mis manos,
enraizando tus dedos junto a los míos,
para quedarme ahí junto a ti, un muy buen rato.

Cual viento extenuante, un suspiro de tu cuerpo al exhalar,
tu ser recorre cada rincón, pasillo y habitación de mi alma,
abriéndose paso por mis venas, por mis nervios, por mis huesos,
provocando las condiciones óptimas para alimentarte de mis versos.

Al erguir tu espalda, tus raíces siembras en el fondo de mi pecho,
abarcando cada vaso, cada vena y cada hueco,
alimentando a tu ser, de mi corazón directo,
sin pero, resistencia, ni remuerdo.

Con una mirada tuya basta, para ser el iniciador perfecto,
de encender los hornos de mi corazón, y templar la temperatura ideal,
abrirte paso directo a mi alma,
y reclamar mi ser, como tu habitación, palacio digno para tu florecer.

Lentamente tomando posesión de mi, te abres paso a paso,
haciendo todo en mi, el terreno ideal para tu crecer,
como la flor, más hermosa de todas, el día de mañana…

Tener la dicha, de verte florecer.

“Ábrete paso todo lo que quieras, toma mi alma, toma mi ser, recuéstate en mi pecho y tu raíz deja nacer. No me preocupan ni tus fallos, ni tu andar, ni tu temblor. Toma tu tiempo, y toma mis manos a la vez, dime que me quieres, y de irme, no me permitas hacer.

Mi flor especial, precioso girasol… ¡Que hermoso haz de florecer!”