la creatividad femenina

en el buque-escuela Elcano,
ochenta hombres y una mujer,
guardiamarinas de la Armada Española.
durante la tempestad sonidos de rasgamientos,
después las velas heridas, el perjuício.
ochenta hombres que no sabían qué hacer.
sometidos a la lógica,
nadie sabía dónde estaba el costurero.
de pronto en la cubierta al caer peces aguja,
tocada por la poesía y la experiencia en desplegarse,
en un rapto de garza
Carmen buceó en el mar, alta mar…
mojada como una ninfa subió a bordo
y se puso a coser las velas con la línea del ecuador.
la línea cortada por las tijeras de las golondrinas
se regeneraba como un hígado.
zurcía de manera que no se notaba las costuras
y el velero siguió su rumbo
con el costurón, con la gran cicatriz,
una perfecta cesárea
donde nasció este poema-,
hijo de los vientos.

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