La gustaba comer camarones en todas sus variaciones,
como cóctel con mucho mayonesa y una cucharada de salsa de tomate,
o frito con salsa picante, servido con arroz y plátanos asados.
Así la llamé “mi camarona” y ella se rio.
 
Se rio también cuando me arrastrara a una tienda, se detuvo
un vestido amarillo al pecho pequeño o apuntando a zapatos rojos.
Ella me convenció aun por un tablet, una oferta ventajosa,
que era su único sueño en su vida y entonces ella no quería nada más.
 
Mientras esto no era cierto, pero completamente irrelevante,
porque mi camarona era tan bonita y encantadora.
Ella me ganó y me envolví alrededor de sus delgados dedos,
yo pudo solo evitar para cumplir todos sus deseos.
 
Eso sin duda ha valido la pena para mí, doble y triple,
debido que ella me dio su sonrisa y me cantó de amor
y admitió que he hecho miles de fotos y además me permitió
para pasar noches cálidas al lado de mi camarona.

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