(A Jose G.H.)

Nada que abandona
Un día tras otro.

Nada por venir.

Porvenir, qué palabra tan llena de nada.

Yo me ofusco en tu vigilia,
Tú, te alargas
A dónde nadie ni nada
Ni niños ni flores,
Patios o balcones,
Ruidos o exabruptos,
castigan.

Y entre lágrimas busco a tu ifigenia,
la amada.
Yo la quise llamar Katia,
Quise que fuese pureza,
Amor y llanto,
Manos de seda y manto.

Tú me has llamado Claudia.

Yo, inocurrente nada.