INVIERNOS DE MI NIÑEZ

En el invierno de mi niñez llovía días enteros,
fuera de la casa y dentro de ella, por todas
partes las ollas, los floreros recibían el agua
lluvia que entonaban melodías desafinadas.
Siempre un trapo viejo ayudaba mucho, esa
imagen en mi mente me transporta a una casa
de altos cielos, vieja, de adobe, que entristece
mis tardes: nunca me gustó que se hiciera la
tarde y la noche.

Una estufa a parafina nos reunía en torno a
ella, un mate con leche y pan batido con queso
caliente, ayudaba a alentar el cuerpo,
mientras el vapor de las ropas mojadas hacia
sombras en la pared.
El olor a adobe mojado nunca dejaba la casa,
eran inviernos largos y tristes, con colores
muy parecidos a la pobreza, con vecinos que
se morían de tanto vivir.
En el invierno de mi niñez se lloraba tardes
Enteras

Andrés de Lua

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