Tan profundo invierno
Inunda el hogar.
Ríos de dolor recorren sus
Cauces al corazón.

Y allí serpenteando
Una Canoa Navega gris.
Lleva en su interior un marchito sueño.

La dama llora,
Su blanco pañuelo vuela las lágrimas.

Gota a gota… Lluvia.
En noche volvió su alborada
Sin canto de jilguero, sin días de luz.

Gimen tremebundos chicuas y huancahuis y mortajeros a la vez,
Escondidos en las sombras de renacos.

La dama ausculta el añejo paisaje:
¡Cantan los niños la ronda, en primavera fue su alegría!
Ahora fenecido en el tiempo.

La dama camina,
Sus vacilantes pies en desdicha dirigen el cortejo;
Su llanto amplio y su afligida vida,
Allí quedarán yacidos junto al extinto,
En ajeno seno y no más en el suyo.
Llueve en navidad.

Flor de María Dávila