He colocado rejas en todas las ventanas de la casa
para que no se escape tu recuerdo:

que no puedan tus ojos llegar al dormitorio
y en un descuido alcancen a encontrar la salida;
que tu risa no logre dejar estas paredes,
que siga preso el eco de tu voz en el baño.

He instalado también una puerta blindada
y he cerrado por dentro. Me he tragado la llave.
No encontrarás, amor, el modo de escapar.
Vas a quedarte aquí, conmigo para siempre.
Aquí tus ojos verdes, aquí tu risa pura,
aquí tus tiernos besos de naranja y canela.

Asume que he ganado, que ya lo he conseguido:
que no podrás marcharte jamás de este poema.

De “Naranjas y canela” (Ediciones Depapel)