Virus Prehispánico.

Los perros chillan por la noche, tal vez le lloran a su dueño o es que son tantas sus ganas de comunicarse que se desesperan, yo me desespero, pero no es por ellos, es por el salitre en la pared, por la sequía, por la lumbalgia que picotea con frialdad, ¡esa maldita piedra en el suelo!, mañana a primera hora la quitaré y la arrojaré lo más lejos que pueda, la noche ha llorado recordando la mañana en que fuimos olvidados, a merced de las bestias que habitan aquí, despojados de la victoria y de la guerra,soñamos con las aguas buenas, de esas que quitan la sed en tiempos y la hambruna, hemos sido burlados por aquellos que se sintieron superiores a nosotros, teniamos ganas de bañarnos y descansar, solo queríamos llegar a la tierra que nos prometieron , pero, nos lo arrebataron, no dejaron rastro de su camino, nos hicieron a un lado para quedarse con la gloria, nosotros también queríamos conocer la fertilidad de aquel lugar.
Después de llorar días los moradores de lo alto nos escucharon pero nos prohibieron seguir caminando, pues, este debía ser el lugar donde se empezaría a poblar el mundo, nuestro pesar es el de no formar parte de la construcción de la gran ciudad, nuestra encomienda era otra.
Teníamos fuerzas aun, nuestros pechos aun latían y nuestras manos eran callosas, ¡que penuria tan grande fue la nuestra!. <>, nuestros corazones temen, pero no es por las garras o por el mal augurio, es por el miedo al olvido, ¿que hemos hecho mal? o ¿es que los dioses nos repudian?.
El otro dia pude ver las aves que descendían desde lo más alto del cielo, volaban en círculo, vigilando el arado, esperando el momento de picotear el alimento que emerge de la tierra como raíz, hemos aprendido a cosechar con el mandato de la luna, ella es buena y con su resplandor nos cuida de la obscuridad, fertiliza la tierra y… el sol a su vez la fertiliza a ella.
La lluvia aquí es muy poca pero a mi hermano se le ocurrió una idea, èl abrió la tierra como el viento que surca el fuego, y después con el filo (y no con la fuerza) de su coa, guió el lago hasta el último grano de maíz de todo el sembradío. Estamos esperando, estamos en el olvido, esta desnudez que muestra nuestras partes verendas es lo que nos hace llorar.

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