Difunto el amanecer al mirarnos el alma, huesos rotos sin viento.
Áspera esperanza que nos guía en las venas de la tierra, de las heridas se forjan los hierros del alma, de las cicatrices se hierve los puños, se tibia el cuerpo de la sangre, derrotas mías aliadas de mis lagrimas de aire, quiero enterrar mi ego entre las animas del silencio, en mi pecho hay una cruz que me guía a la mar en llamas, suspiro que engendro el recuerdo, no mires atrás que todo quedo en cenizas, en la piel vacía de las serpientes de un ebria hermandad, mira adelante que también aquellos que pasaron al igual que tu cayeron en la caldera de un infierno.