Hallux roto

Contame, por favor, como nos las arreglamos para hacer vidas separadas en estos 32 metros cuadrados.
Dos personas inconexas, completamente huecas de todo deseo.
Compartimos solo momentos estériles, de acuerdo a una pobre agenda que supimos ordenar: dos cafés a las 9 y una charla a las 18.
Somos un baile tristísimo.
Una caminata con el hallux roto.
Y convivimos así, como dos amigos: con cariño y dulzura… si, pero con nada más.
En tan pequeño lugar, igual, no encuentro donde me quedaron las ganas…
No hay beso que no me duela, ni caricia que no me repugne.
Y no sé si pueda quiera seguir aguantando…

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