Gafas atonales

Quisiera yo que las palabras que te escribiese tuviesen la textura de las hojas otoñales, que cayesen llevadas por el murmullo, reposando unas sobre otras. Desearía que poseyeran la dulzura, de ese olor rosado que ahoga las plazas en los días feriados.

Al abrir por el medio día la ventana, se ven naranjas y mandarinas, como pequeños soles cayendo a nuestras manos suaves como persianas. Cayendo de lo alto a nuestras manos. Se ven las calles como riachuelos de chapa plateada. Con su sonido más brillante que el encender de las lámparas, tiene el silbido de un fósforo y la grandeza del espacio. Es como si una gran campana se balancease y sus sonido se esparciese, despertando. Cuánto adoro las campanas! con su sonido gorgojeante de latón echando brillitos secos, más firmes que un reloj y mucho más danzantes. Verde cobrizos, balanceándose como hojas, dejando que nuestras manos sean el viento.

Cuando los vientos soplan, con caricias que suplantan las palabras, apartando las nubes. Despeinan al sol. Cuando las estrellas tiemblan y se alejan desvaneciéndose en los cielos como asustadas, como si a la tierra las circundase un lago enamorado…

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