Dijo que no podía vivir sin que lo avivarán, sin que lo alabarán y admirarán. Sabía que sería respetado en cualquier lugar donde estuviera su presencia, lo consideraban caótico pero al mismo tiempo hermoso. No podía dejar de hacer cada uno de sus actos con pasión, tenía que desatarse al cien rompiendo los limites y olvidando los miedos abrazando todo lo que estuviera a su paso. Le bautizaron como Fuego y sus historias las cuentan las cenizas.

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