Felicidad

Como cenicienta esperando que el reloj marque las doce, repasando mis heridas que al final definen y prueban que estoy vivo, cosa inexplicable a esta altura de mi vida, vivir sin vivir pensando que vivías, hasta que descubres que no lo hacías, la melancolía con la que mi vida ha sido forjada, tierra fértil en sufrimiento y falsos recuerdos, memorias que se esfumaron fueron el riego a este pobre corazón, que echó raíz sobre algo que creyó que era vivir, dando pasos en tierra árida de amor, lugar donde antes fue un mar lleno de vida, ahora el desierto desolado es mi hábitat, el cual no importa hacía donde mires siempre habrá desolación. O eso creí, al parecer mi felicidad estaba en pausa, al estilo de un hombre daltónico, estaba enfrente de mis ojos y no lograba apreciarla, inconscientemente y bajo mi propio sabotaje logré insertar tan en el fondo una idea, que como enredadera creció mucho mas fuerte y arraigada que mi propia vida, ¡no lo merezco! retumba la frase en mi cabeza, cueva de mi locura y mi cordura, eco de soledad acompañada de un ligero aire de verdad, verdad que acribillaba a un niño inocente sin plena consideración como si de un mal y corrupto juicio se tratace, sin piedad alguna acometí contra mi felicidad, dándole poder a la frialdad de la lógica y el raciocinio, tomando cada paso cual juego de ajedrez, creyendo que tenía el poder de los reyes ignorando que era un simple peon en mi juego, el juego de mi vida que veía pasar en directo frente a mis ojos dando saltos entre tiempos recordando solo tristezas, fecundado más la melancolía y creando dunas tan altas e impredecibles que derrumbaban mi mundo en un parpadeo, instantes de momentos kamikases que se perdian en memoria para jamás volver. Inmortal y trascendente el día que descubrí que no lo había perdido, el amor que resultó de ese holocausto, causado por esa bomba llamada casualidad, insurgente de mi hábitat pese a toda inclemencia logró germinar en mi tu amor y mi amor, se abrió paso entre todo escombro y destrucción germinando del caos que genera cualquier cambio, naturaleza viva de amarte, descubrir que puedo hacerlo y vivir de una manera diferente, donde ahora el amor elimina poco a poco esa enredadera que me apresiona, amor que nació de dos almas pero que al final se unió para darme una. A eso le llamo el inicio de mi felicidad.

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