Agua, sinónimo de vida,
¿por qué no antónimo de muerte?
Mil almas se evaporan al son de las olas,
caen en letargo, acompañadas de una melodía oceánica.
¿Escuchas sus notas resonar en las caracolas?
Aquellas almas solo ansiaban una existencia pacífica.
No ansiaban vivir, sino subsistir, resistir, perdurar, sobrevivir.
Solo pedían un derecho, el derecho sin elección.
Reclamaban poder existir.
Pero la inercia las llevó a la expiración.
Su sino no fue más que la ascensión.

Nube de esperanza que ondeas sobre el piélago,
nave de optimismo, emisario de venturas.
Velero, símbolo de la hégira.
Hégira, huida de combate.
Combate por la vida.
Vida contra muerte.
Y la muerte es el fin.
Huracán bélico, azotador de navíos, de sueños.
El eco del naufragio resuena por Europa.
Europa se vuelve sorda, se niega a escuchar.
Los gritos retumban por las calles.
¿Por qué nadie responde, por qué nadie atiende?
Humanidad, regresa, pero esta vez no te calles.
A lo mejor, el problema,
es que la humanidad es muda.
O tal vez, la humanidad se haya ahogado en un mar de aullidos
Tal vez, alguien le ha robado la voz.
Al igual que la parca hizo con aquellas mil almas.