Estrellas

Vimos nuestros corazones conectarse en aquella noche de luna llena. Tocamos el cielo sin saber que la gravedad nos llegaría. Con cientos de “Te quieros” y un sentimiento de plenitud eterno, tuvimos la dicha de coincidir en este desastre al que llamamos vida. Confiados en nuestro amor decidimos lanzarnos al vacío de aventurarnos a querernos de una manera que no conocíamos, tú allá y yo acá, océanos en medio, pero nuestras palpitaciones sabían lo que más deseábamos: Yo a ti y tú a mí. Acostados a cien kilómetros de distancia, pero bajo las mismas estrellas hicimos promesas profundas que nuestros corazones sintieron, un “para siempre” y unos cuántos “te amos.” Aquella luna creciente de noviembre fue testigo del cariño que tú y yo nos teníamos, viendo desde lo alto cómo dos almas lejanas se conectaban de una forma tan inusual y a la vez sagrada, sellando con un suspiro aquel finito sentimiento. Dejamos nuestras palabras en las estrellas, viéndolas cada noche y recordando nuestro augurio con singular felicidad. Las noches pasaron, la luna dio varias vueltas y, cuando menos acordamos, las estrellas fueron incapaces de mantener nuestro secreto y lo brillaron a todo el mundo, como prueba de lo felices que solíamos ser.
Sí, hoy volteé a las estrellas de nuevo. Vi plasmadas en ellas cada una de nuestras fugaces promesas, y sentí la ironía de admirarlas con embeleso y a la vez sentir la impotencia de ver desde el mortal suelo la incapacidad de alcanzar a recibirlas entre mis brazos. Hoy las estrellas se robaron mis sueños, pero prometo un día arrebatárselos de nuevo, de volver a entregarte lo que hoy solo vemos plasmado en el cielo.

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