Contar esto es tabú;
Algunas noches fuego, algunas veces juego, y ese juego me ofrendó un sabor a insania.
Lo recibí con brazos y piernas abiertas, mientras él abría la bebida excusadora y dejaba la remanencia en mi mesa de luz. Al rato ya tenía toda su virilidad en mi boca, era justo a medida, lo despreciable de su personalidad lo compensaba su miembro, y yo succioné y relamí hasta que pronto, demasiado pronto, acabó. Tenía su semen bajando lentamente por mi garganta, espeso, caliente, pero extremadamente salado. Él me acariciaba el rostro con su gesto de satisfacción y saciedad
(ni siquiera habíamos empezado) pero mientras degustaba todavía, me llevé una sorpresa morbosa al verme en el espejo;
Mis mejillas estaban cubiertas de sangre, y la linfa que llegué a escupir era de un color anaranjado.
-Acabas sangre ¡Estás enfermo! ¿Por qué no me avisaste?
-Si no lo estuviera, ¿Por qué pagaría? No puedo hacer esto con otras, y menos con muñecas como vos, pero el pago me cubre todo. Aunque vos pagaste el precio realmente,
ahora compartimos algo más íntimo y más duradero que una noche. ¿Por qué avisarte? Esto lo pensé desde que te ví, es la única forma de que nos sigamos viendo. Te volves fugaz sino.
Cuando necesites los antiretrovirales, llámame.
Y sé que lo vas a hacer…
Porque ahora mi sangre es tu sangre, y mi parca es tu parca.


JULIETA IALLORENZI

PATENTADO EN SADAIC Y DNDA

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