Aunque aparentemente sea irreconocible para tus ojos, mi voluntad perecerá conmigo en la tumba, yaciendo en paz. El umbral que estoy apunto de admitir no cambia ningún hecho. Esa es mi lucha de siempre. ¿Que soy muy buena persona o un ser muy tonto? seguirá siendo irrelevante, según la perspectiva. Mi luz no ha atenuado, pero ya no me vez, para suerte de todos, enfrente en cada mediodía. Sigo careciendo de esa idea por la cual ignoro todo el mal que posee mi alma. Y cada nuevo mes me enrollo más en un laberinto. Es evidente, no puedo solo. Pero saldré, y no es extraño que necesite ayuda. Todo tiene significado cuando lo pienso, y me acreciento al recordar un fragmento de imagen, una palabra o escuchar aleatoria melodía. Sigue siendo dentológico cuando planeo actuar. Sigo accionando por simple propósito. Sigo sintiendo porque esa es mi filosofía.

Pero estás equivocada al creer que mi camino lo arruinó y sea el mismo destino tirar del ancla a medio recorrido, que finalizar en un puerto con la travesía completada. Estás equivocada al pensar como un utilitarista, previendo tu exilio y adelantar los hechos adrede. Estás equivocada al suponer que no puedes alejarte sin siquiera estar un kilometro cerca. Y sobre todo, estás equivocada al pensar que yo doblegaría ante nefasta voluntad.

Es mi culpa por no exigir un alto cuando debía detener este circo.
Es mi culpa por no ser duro.
Y es mi culpa por remar hacia el ocaso con tu sombra, pero sin tu alma.

Ahora estoy en el olimpo y no espero realmente a que nadie voltee las cartas por mí. Tengo miedo de equivocarme de verdad. Estás equivocada; yo estoy enamorado de verdad.

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