Me parto en tu pelo
Y desenredándome en tus miedos,
Más profundos haces aún, los míos…
Como algo que es parte inseparable de mi
Y que agudiza las sombras
De un pasado, presente y futuro
Que discurre y se estiliza, incauto,
Por el estrecho embudo de la vida
Longitudinalmente me describo en tu cuerpo
En una efímera desnudez, dibujada
Con temblorosas caricias, que te ocultan
Sin desaparecer en una cortina incesante
De besos depravados e inagotable lujuria…
Que diferencias pueden concurrir
Si en lugar del tierno universo de tu piel
Estuviera describiendo el inconstante, gélido
Suave y a veces temible
Discurrir de esa transparencia Incolora,
Sangre inodora de las entrañas de las montañas,
Que nos ofrece el paisaje perfecto
En una repetida y zalamera retahíla
De episodios mundanos y bucólicos…?
En tus breves ausencias, siento cojear
Por un mundo que se me hace insulso,
Pesado, hostil, aburrido, estúpido y nefasto
No siendo menester verse inmerso
En tus nada deseadas ausencias
Como para darse cuenta y sentir
Desgraciadamente, que pertenecemos
A un mundo llamado insulso, pesado,
Hostil, aburrido, estúpido y nefasto…
Y, justamente ahí
Es donde naces tú…
Haciendo que me olvide de un mundo
En el que no tiene ningún sentido
El no darse cuenta de esas cosas
Feas y desastrosas,
Que ensucian y envenenan el alma…
Egoísta soy, en el hueco sentido
De no importarme ese mundo liso y blanco,
Porque en la longitud de tu cuerpo
El mío discurre y describe un mundo perfecto
Donde imperan la dulzura, la ácida ternura,
La caricia, la comprensión, los inagotables besos,
Las miradas que hablan como mil palabras,
Las palabras que encierran millones de besos
La compañía disfrazada con la capa del alma…
Egoísta seré, tal vez
Si todo esto que siento por ti
Es estar enamorado, a ese mundo insulso… le digo:
Que lo estoy, de mi mundo… de ti…!

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