La rutina es tan simple, nos despertamos y en un par de minutos estamos en la ducha, tiempo después comemos, el tiempo a esta hora del día corre una maratón. Sin darnos cuenta estamos de camino a la universidad, al trabajo, al colegio. Los días siguen, llega el viernes y es turno de descansar, comes algo rutinario y lo que el presupuesto ha de facilitar para saciar el hambre.
Llega fin de mes y te compras zapatillas, vas al cine o gastas el dinero comiendo cosas que tienes el privilegio de comer una vez por mes, ya que todo lo demás se va en las deudas (vivimos una vida prestada a crédito). Sales a disfrutar, se hace todo rutinario, los dieciocho de septiembre son todos iguales, un par de días donde el alcohol abunda en nuestros barrios y el subdesarrollo dice presente tan fuerte que su grito es solo posible compararlo con el <> del himno patrio.
La navidad es mucho peor, todos limpios a las nueve de la noche para tipo diez sentarse a cenar. Los niños son los que le dan el sentido a esta fecha con la pregunta ¿cuánto falta para las doce? El afán de abrir regalos no es solo de niños, los grandes también se sienten ansiosos, aunque ellos mismos hayan costeado sus presentes.
Nos vamos a dormir y cuando despertamos ya es el día del año nuevo, muchos esperando las doce viendo la tele, el celular o un reloj, llega el momento y los abrazos son tan indiferentes, abrazas a alguien olvidando un año, marcando un pasado y dejando en la historia tu vida. Tipo cinco de la mañana te duermes tras un largo jolgorio y despiertas al escuchar la alarma, de fondo hay un ruido de angustia, es un pito que hace un malestar en los oídos, te das cuenta que tienes que bañarte, comer, tomar la micro, esperar el viernes, luego el fin de mes, para llegar a fiestas patrias pensando en navidad con ganas de un año nuevo. Te das cuenta que la vida en la ciudad es un círculo, una repetición, un estribillo. Y en eso llego yo, te tomo de la mano firme y te invito a un viaje de olvido. Un olvido distinto, donde tus pensamientos serán nuevos, te divorciaras del que dirán para convertirte en lo que siempre debiste ser; un lobo, una luna, aire, agua, yo. ¡Vuelve al bosque!