Agradezco la vanidosa transparencia de tu piel
copa compañera de mi desvelo placentero,
así veo al danzante púrpura afrontar mi sed,
tu virtud añosa desnuda mis labios pétreos.

Tu tiniebla oscura conserva misteriosos frutos,
añoranzas de un roble comprometido,
un puño silente del campesino mudo
y un llanto atrevido del parrón abatido.

Que el presidio de esmeralda te haga hombre,
y te imponga aquel sueño de libertad,
que la luz y el aire vean al fin tu nombre
para probar el sabor de tu antigüedad.

Deslízate sin timidez por las laderas de cristal,
deja que tu alma resuene en mi conciencia,
con el efluvio amargo de rostro letal
torna en fuego mi sombría esencia.

Gota recia de piel rosada y llena de placer,
retoma salvaje tu caudal soberbio de renombre.
Vuélvete río en la boca virgen de una mujer.
Vuélvete torrente en la boca amarga del hombre.

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