Que no nos demos por vencidos ante esa idea de querer aturdir al viento con nuestros pasos. Ni de tener esa ridícula manía de querer engullirnos al mundo en un inhalar, y no tener ni un reflejo de arrepentimiento en el brillo de los ojos.

Sigamos rompiendo muchos platos y hojas blancas, porque hoy no queremos ni escribir, ni guardar la compostura.

Toquemosle nuestro ritmo a la vida y convirtamosla en vino. Vino bien amargo, pa’ que embriague un rato.
Y que si nos comemos sea a besos escandalosos y vulgares, haciendo sentir al mundo envidia de la mucha vida que nos cargamos.
Nunca tener que volver a beberla, la vida, sin hacerlo de la manera más atascada e irracional que se nos antoje.
30.06.2020 Melissa Escobar

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